La vida en carreras…

Cada día me hago la misma pregunta… ¿ Por qué tenemos que correr tanto para todo? El acelere que vivimos actualmente nos matiene a todos con los nervios a mil. Se corre para levantarse, para desyaunar, para arreglarse en la mañanas. Para salir de la casa se corre por todos lados como si alguien nos estuviera persiguiendo. Nos despedimos a las carreras y al salir seguramente nos tenemos que devolver porque algo se nos quedó. Subimos al auto corriendo y arrancamos como si fuéramos para una carrera automovilística.
Las personas que conducen a nuestro lado están en las mismas y si en el camino nos encontramos con alguien que va despacio, nos molestamos y criticamos de cómo conduce y hasta le hacemos mala cara al pasar por su lado.

Carreras y más carreras… almorzamos en dos segundos sin darnos cuenta en ocasiones qué estamos comiendo. Cómo no enfermar, si los alimentos no pueden hacer su proceso normal. En fin… todo es una carrera, al finalizar el día estamos como para recoger con cucharita y al llegar a casa no soportamos que nos pregunten nada, no hay comunicación familiar pues todo el mundo quiere ir a su habitación a dormir.
Al siguiente día se repite la maratónica función.

¡Hay que hacer un alto en el camino! pensar un poco más en vivir, dormir para descansar realmente. Buscar lugares tranquilos y meditar, orar y encontrar sentido a nuestra existencia, buscar armonía interior y paz para el ser. Acercarnos a Dios y recordar que esta es la verdadera realidad de nuestra vida.

Compartir con la naturaleza y cargarnos de su energía. Observar el cielo, su inmensidad. Sentir el aire, respirar. Ver los pájaros, escuchar su trinar. Relajarnos un poco frente al mar y apreciar la grandeza de su misterio. Observar la sonrisa de un niño, la ternura de un abuelo, abrazar un poco más. Tener presente que no estamos solos en este mundo. Jugar con nuestras mascotas, ver cuánto amor encierra su ser y lo que nos ofrecen cada vez que les damos atención.
Ver a los ojos a quienes amamos, abrazar por un largo rato a nuestros hijos y dialogar con el ser que decidió un día tomarnos de la mano y compartir su vida y su camino y al que le dimos un sí salido del alma. Degustar un deliciosos café o un exquisito vino con un buen amigo, reír, llorar y crecer juntos a la misma vez.

Recordemos que no por correr mucho llegamos más rápido…todo tiene su tiempo. Vivamos y disfrutemos de la vida. Hagamos de todo un poco pero con pausas y aprendiendo a vivir. Si logramos esto, estoy convencida que vamos en camino a evolucionar, a ser mejores personas, a dar lo mejor de cada uno y a recibir todo lo grande y bello que habita en los demás.
La vida pasa muy rápido…no tratemos de correr más que ella. Vivamos intensamente, amemos, triunfemos, oremos, compartamos y nunca olvidemos a qué vinimos a este mundo.
¡ A VIVIR!

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