Lección de amor

Cuando el tiempo pasa, los hijos crecen y aprecias la vida de otra manera, te das cuenta que ha valido la pena vivir, construir, luchar, aprender, caminar y solidificar bases fuertes en las que se podrán sostener los seres que amas… tus hijos.

Comprendes, que si te tuvieras que marchar ahora mismo, te irías feliz, por la labor
cumplida, por dejar tus huellas en el camino y tus locuras envueltas en palabras, para que
al paso de tantas primaveras, tus pensamientos florezcan y en cada atardecer, cuando la
tarde esté cayendo, se puedan leer en páginas ( a lo mejor amarillentas por el paso de los
años), mientras un viento fresco abrace los espacios y toque con amor a tus hijos, para que comprendan que siempre has estado con ellos.

Hoy mi hijo quiso darme una lección de amor, por un momento me dejé llevar en su juego
de palabras, me di cuenta que no pudo comprender mi punto de vista, al final decidí callar.
Comprendí que ya se asoma a su adultez lentamente y considera que su opinión pesa más
que la mía, es única, convincente y es la que vale.

Al principio sentí tristeza, me miró con molestia, defendía su punto de vista y poco a poco
tuve que sumergirme en el silencio y soltarlo.
En ese mismo instante pude comprender que la madurez no pelea con nadie, es un regalo
que nos es concedido con el paso de los años, que es sabio dejarlos volar, descubrir, pelear y discernir.

Aprendí algo nuevo y reconfirmé aquello de que las madres siempre tendremos que
entender y con sutileza hacerles ver el camino, pero en el momento justo. Ese no lo era.

Que interesante ver pasar el tiempo y darse cuenta que ellos marchan al ritmo de cosas
nuevas, tecnologías, descubrimientos, avances, idiomas y tantas otras cosas que
“ aparentemente” los hace superiores a nosotros.

Pero lo que por ahora no podrán comprender es que les llevamos un gran camino recorrido, y que por más que posean avance en muchas cosas, los padres de hoy vamos lento, pero sin quedarnos atrás y de lo que sí estoy muy segura, es de que, algo que no nos podrán enseñar jamás, es nuestra experiencia y el camino recorrido que aún ellos no han vivido.

Hoy mi hijo me dio una lección de amor, y ahora mientras escribo, doy gracias a Dios por el gran ser que es y se proyecta, será un triunfador, llegará tan lejos como lo desee y cuando eso suceda y ya haya caminado un largo trayecto, seguramente su hijo en alguna
conversación desprevenida, le hará comprender que ya no tiene la razón, será entonces
cuando me recordará y sabrá que al igual que él, yo también tenía la razón y a lo mejor se
sienta, como yo me he sentido hoy. Y comprenderá que los ciclos se repiten y la vida sigue a su ritmo imparable.
¡Te amo con todas las fuerzas de mi corazón… hijo de mi alma!
Gracias por tu lección de vida hoy.

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